sábado, 17 de noviembre de 2012

Mi libro.

Esta tarde decidí ponerme a ver la serie de Érase una vez. No es una serie de premio, pero a mí siempre me encantaron los cuentos de hadas. Aquellos en los que todo se soluciona con un chasquido de dedos.
Bien, no hice mucho más, porque admito que me hice adicta a la seriecita. Y ahora estoy escuchando los Beatles, son mi grupo favorito, una de las miles de cosas que heredé de mi padre. El cielo se despejó mientras yo me pegaba a la pantalla de mi ordenador para seguir viendo la serie, capítulo tras capítulo, y ahora se distingue el humo que sale de las chimeneas de las casas de la niebla que esta mañana se zampaba la ciudad. He comido helado a mansalva y por la mañana estuve escribiendo algo, aunque no me convence; decidme vosotros:



Era ya tarde cuando Nieves comenzó el camino hacia su casa. El sendero era oscuro y prácticamente no se veía nada, pero Nieves, ya acostumbrada a aquellos bosques que rodeaban el pueblo, ni siquiera se dignó a mirar a su alrededor.
El día había sido largo.
Iba andando, con los Beatles en los oídos. Pero sus cascos sonaban muy fuerte, y no escuchó en ningún momento los zapatos que la siguieron durante todo el trayecto. Eran apenas diez pasos los que separaban a Nieves de su perseguidor, y sin embargo la chica tardaría más de quince minutos en llegar a su casa, que estaba aislada en el bosque.
Hacía ya tres años que se había trasladado a aquella casa, cuando todo empezó.  
Nieves notó como algo impactaba contra su espalda. Se giró temblando y vio una sombra apoyada contra un árbol un poco más atrás.
-Caminante no hay camino- gritó el chico que la seguía.
Nieves tardó unos segundos en reconocer su voz. Cuando lo hizo, no pudo evitar sonreír.
-Se hace camino al andar.
Al escuchar la respuesta, él tampoco pudo no sonreír.
-Cuanto tiempo, Logan.
Nieves no se atrevió a acercarse.
-Mucho. Os echaba de menos.
-Pensé que no querrías saber nada de nosotros.
-Yo también.


Lo sé, he escrito poco. Es el principio de mi libro, ¿vale? Es que siempre me ha costado mucho el principio, y como luego me vuelvo loca, pues todavía más. El caso es que empieza con un flashforward de estos, que son como los flashback pero del futuro. Si os gusta lo seguiré escribiendo :)



Sábado nublado.

Esta mañana me desperté en la ciudad de la lluvia, en pleno noviembre. Las persianas estaban bajadas, así que no me di cuenta de que estaba nublado de nuevo hasta que llegué a la cocina.Tampoco me impresionó que no se pudiera ver nada a través de la ventana. Después de tomarme el café habitual, frío y sin leche, cogí mi abrigo y me aventuré a salir a la calle. A lo lejos, más allá de los edificios setenteros y los parques llenos de graffitis, se veían las altas y oscuras montañas típicas de el paisaje en el que me encontrada. Eran de un verde oscuro y brillante, pobladas de casas de todos los colores que te llevaban a su época y te hacían imaginar cosas que de otra forma jamás hubieran ocurrido. Aquellas montañas y aquellas casas eran lo único que la niebla no engullía,  temerosa de lo que pudieran hacerle.
El frío entraba en mi cuerpo como si fuera suyo y yo me rendía a él como si no tuviera fuerzas. Nunca las tuve.
A lo lejos apenas se oía el ruido de coches del centro, y eso era lo que me gustaba de aquel barrio a las afueras: el silencio.

Llevo una una semana aquí metida, en un lugar que no conozco de nada, sin planes de futuro más allá de un libro que nunca escribo y un trabajo de nueve a tres en una tienda de ultramarinos. Sólo conozco a Marie, la dueña de la tienda, una mujer de más de setenta años que tiene muy mala leche, pero en el fondo es una buena persona, y a Aurèlie, la chica que me sustituye a las tres en la tienda. Es un cielo, pero un poco tonta. No esperaba mucho, después de mudarme de la capital a una ciudad pequeña de mucho llover, pero espero que la semana que viene ocurra algo más interesante.