viernes, 23 de noviembre de 2012
A-L-U-C-I-N-A-N-T-E
¡Siento no haber escrito antes! Sé que llevo varios días sin escribir nada, tampoco he abierto el ordenador porque me han pasado un montón de cosas. Ahora no puedo escribir apenas, sólo os digo que he quedado como un chico que se llama Jacques-Luis (como el pintor) os seguiré contando, pero esta semana ha sido A-L-U-C-I-N-A-N-T-E
lunes, 19 de noviembre de 2012
Mal día.
Si os digo la verdad, no sé como será el libro que estoy escribiendo. Nunca lo supe, mi idea es infantil.
Hoy me desperté sin ganas de escribir; tampoco iba a poder. Me desperté a las ocho de la mañana como todos los lunes. Me recogí el pelo en un moño y cogí mi ropa hacia el baño.
Me senté desnuda en la bañera y encendí la ducha, todavía sentada. Estuve quince minutos ahí tirada, notando como el agua me agujereaba la espalda con su tintineo aparentemente apacible, y cuando no pude más, levanté mi cuerpo (mi cabeza sigue hundida) y salí de la ducha.
Me sequé y vestí con lentitud y cuidado, y al salir, fui a la cocina a tomar mi habitual café frío y sin leche.
Llegué a la tienda a las nueve menos diez, como siempre. Marie acababa de abrir la tienda y pensé que me echaría la bronca, porque venía empapada por la lluvia, pero al ver mi cara le debió entrar compasión por mí.
Nací en Madrid en 1989. Mi madre era demasiado posesiva y mi padre demasiado borracho. Mi hermano se fue de casa huyendo de la poli y me sacaron de la universidad cuando murió mi abuela. Soy abogada a medias y mi infancia no existió jamás: sólo me quedan presente y futuro.
Aurèlie también me debió ver con cara de muerta, porque me ha invitado a no sé donde con unos amigos esta tarde, a tomar unas cervezas. Como no sé donde está el lugar donde han quedado, tengo que ir hoy a las ocho a la tienda, allí he quedado con ella. Ya os contaré que tal.
Hoy me desperté sin ganas de escribir; tampoco iba a poder. Me desperté a las ocho de la mañana como todos los lunes. Me recogí el pelo en un moño y cogí mi ropa hacia el baño.
Me senté desnuda en la bañera y encendí la ducha, todavía sentada. Estuve quince minutos ahí tirada, notando como el agua me agujereaba la espalda con su tintineo aparentemente apacible, y cuando no pude más, levanté mi cuerpo (mi cabeza sigue hundida) y salí de la ducha.
Me sequé y vestí con lentitud y cuidado, y al salir, fui a la cocina a tomar mi habitual café frío y sin leche.
Llegué a la tienda a las nueve menos diez, como siempre. Marie acababa de abrir la tienda y pensé que me echaría la bronca, porque venía empapada por la lluvia, pero al ver mi cara le debió entrar compasión por mí.
Nací en Madrid en 1989. Mi madre era demasiado posesiva y mi padre demasiado borracho. Mi hermano se fue de casa huyendo de la poli y me sacaron de la universidad cuando murió mi abuela. Soy abogada a medias y mi infancia no existió jamás: sólo me quedan presente y futuro.
Aurèlie también me debió ver con cara de muerta, porque me ha invitado a no sé donde con unos amigos esta tarde, a tomar unas cervezas. Como no sé donde está el lugar donde han quedado, tengo que ir hoy a las ocho a la tienda, allí he quedado con ella. Ya os contaré que tal.
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