El viernes por la noche fui con Aurèlie y sus amigos a un sitio que se llamaba algo así como "Toujours" o como eso se escriba. El caso es que para ser Aurèlie, tiene muchos amigos. Me presentó todos, pero sólo me acuerdo de una chica que se llamaba Marianne y de otro que se llamaba Jacques-Louis. Estuvimos hablando Marianne y yo en seguida congeniamos. Ella decía que tenía un plan para meterse en la casa del tío que le molaba, que era uno que ese día no había podido ir. Nos estuvimos riendo y no le di más importancia al tema. Tampoco se la di porque Jack (así le llaman) no dejaba de mirarme. Tenía los ojos verdes y el pelo castaño oscuro y era alto y delgado... pero fuerte... bueno, el hombre perfecto. Cuando Marianne se fue, Jack se acercó a mí y comenzamos a hablar.
-Deberías tener cuidado con Marianne- me dijo sonriendo.
-¿Por qué?
-Porque trama demasiadas conspiraciones y vive verdaderas aventuras.
Yo también sonreí.
-Me fui de España por eso.
-Hay muchas cosas que hacer en esta ciudad, pero colarse en casas agenas...
Enarqué una ceja.
-¿Nos espiabas? Igual de ti tampoco debería fiarme.
Pero ese comentario sólo le hizo reír todavía más.
-También suele hablar conmigo, porque soy el mejor amigo de nomeacuerdodelnombre
Me empecé a partir de risa.
-Sí... eso de hacer una copia de su llave para entrar a su piso sonaba raro... Pero por lo demás es normal.
-Sí. Por lo demás es normal.
Me miró a los ojos y eso me intimidó. Nunca me gustó que me aguantaran la mirada.
Dejamos de hablar unos segundos, pero no dejó de mirarme, así que me sentí rarísima. Luego dijo:
-Me gusta tu acento.
Me desorientó ese cambio de tema.
-Gracias- le dije sin saber muy bien si era lo que debía comentar.
Sonrió y me dio un papel con un número.
-Por si Marianne te mete en líos- dijo, y me quedé de piedra.
¿En un papel? Nunca nadie me dio un papel con su número. Es muy detallista, la verdad.
El caso es que el martes por la mañana también me llamó Marianne.
-He conseguido su llave.
-¿Qué?
-Tengo la llave de nomeacuerdodelnombre.
(Tengo muy mala memoria).
-Eh... Sabes que esta conversación empieza a ser rara, ¿verdad?
-No, mira. Hoy en el trabajo él se fue a comer con Jack y yo entré en su despacho para coger un par de papeles que necesitaba por un caso ¡Y me encontré el juego de llaves!
(Se me olvidaba decir que los diez con los que había quedado el lunes trabajaban en un despacho de abogados un poco pequeño y una de las dos secretarias era amiga de Aurèlie y la novia de uno de los jefes).
Admito que la expresión "quedarse flipando" se quedó corta en mi caso.
-Vale... ¿y si las vuelves a dejar?
-Ya lo hice, hace cinco minutos. Ya tengo mi copia. Esta tarde voy a entrar en su casa porque tiene que ir a casa de uno de sus clientes- (nomeacuerdodelnombre es abogado también, igual que Marianne y que Jack)- ¿Te vienes?
Y dije que sí ¡Pero sólo para pararle los pies, lo juro!
El caso es que esa tarde a las cinco quedamos el "Toujours".
-Marianne, he venido para hacerte entrar en razón. Te juro que yo pensaba que era sólo una broma. Esto es una mala idea, en serio.
-Pues no vengas.
-Marianne, Nieves tiene razón.
Me di la vuelta y vi a Jack.
-¿Ves? ¡Es mejor que no lo hagas!
Pero Marianne no nos hizo caso y siguió andando.
-¿De qué va esto?- le pregunté.
-No tengo ni idea, no pensé que llegaría tan lejos.
-¿Para qué quiere entrar?
-Para... deberíamos ir a casa de nomeacuerdodelnombre antes de que llegara ella. Luego te cuento.
Y allá que fuimos.
Luego os sigo contando, que voy a comer algo.
Vetusta
Siempre te quedará llorar a mi tumba
domingo, 25 de noviembre de 2012
viernes, 23 de noviembre de 2012
A-L-U-C-I-N-A-N-T-E
¡Siento no haber escrito antes! Sé que llevo varios días sin escribir nada, tampoco he abierto el ordenador porque me han pasado un montón de cosas. Ahora no puedo escribir apenas, sólo os digo que he quedado como un chico que se llama Jacques-Luis (como el pintor) os seguiré contando, pero esta semana ha sido A-L-U-C-I-N-A-N-T-E
lunes, 19 de noviembre de 2012
Mal día.
Si os digo la verdad, no sé como será el libro que estoy escribiendo. Nunca lo supe, mi idea es infantil.
Hoy me desperté sin ganas de escribir; tampoco iba a poder. Me desperté a las ocho de la mañana como todos los lunes. Me recogí el pelo en un moño y cogí mi ropa hacia el baño.
Me senté desnuda en la bañera y encendí la ducha, todavía sentada. Estuve quince minutos ahí tirada, notando como el agua me agujereaba la espalda con su tintineo aparentemente apacible, y cuando no pude más, levanté mi cuerpo (mi cabeza sigue hundida) y salí de la ducha.
Me sequé y vestí con lentitud y cuidado, y al salir, fui a la cocina a tomar mi habitual café frío y sin leche.
Llegué a la tienda a las nueve menos diez, como siempre. Marie acababa de abrir la tienda y pensé que me echaría la bronca, porque venía empapada por la lluvia, pero al ver mi cara le debió entrar compasión por mí.
Nací en Madrid en 1989. Mi madre era demasiado posesiva y mi padre demasiado borracho. Mi hermano se fue de casa huyendo de la poli y me sacaron de la universidad cuando murió mi abuela. Soy abogada a medias y mi infancia no existió jamás: sólo me quedan presente y futuro.
Aurèlie también me debió ver con cara de muerta, porque me ha invitado a no sé donde con unos amigos esta tarde, a tomar unas cervezas. Como no sé donde está el lugar donde han quedado, tengo que ir hoy a las ocho a la tienda, allí he quedado con ella. Ya os contaré que tal.
Hoy me desperté sin ganas de escribir; tampoco iba a poder. Me desperté a las ocho de la mañana como todos los lunes. Me recogí el pelo en un moño y cogí mi ropa hacia el baño.
Me senté desnuda en la bañera y encendí la ducha, todavía sentada. Estuve quince minutos ahí tirada, notando como el agua me agujereaba la espalda con su tintineo aparentemente apacible, y cuando no pude más, levanté mi cuerpo (mi cabeza sigue hundida) y salí de la ducha.
Me sequé y vestí con lentitud y cuidado, y al salir, fui a la cocina a tomar mi habitual café frío y sin leche.
Llegué a la tienda a las nueve menos diez, como siempre. Marie acababa de abrir la tienda y pensé que me echaría la bronca, porque venía empapada por la lluvia, pero al ver mi cara le debió entrar compasión por mí.
Nací en Madrid en 1989. Mi madre era demasiado posesiva y mi padre demasiado borracho. Mi hermano se fue de casa huyendo de la poli y me sacaron de la universidad cuando murió mi abuela. Soy abogada a medias y mi infancia no existió jamás: sólo me quedan presente y futuro.
Aurèlie también me debió ver con cara de muerta, porque me ha invitado a no sé donde con unos amigos esta tarde, a tomar unas cervezas. Como no sé donde está el lugar donde han quedado, tengo que ir hoy a las ocho a la tienda, allí he quedado con ella. Ya os contaré que tal.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Mi libro.
Esta tarde decidí ponerme a ver la serie de Érase una vez. No es una serie de premio, pero a mí siempre me encantaron los cuentos de hadas. Aquellos en los que todo se soluciona con un chasquido de dedos.
Bien, no hice mucho más, porque admito que me hice adicta a la seriecita. Y ahora estoy escuchando los Beatles, son mi grupo favorito, una de las miles de cosas que heredé de mi padre. El cielo se despejó mientras yo me pegaba a la pantalla de mi ordenador para seguir viendo la serie, capítulo tras capítulo, y ahora se distingue el humo que sale de las chimeneas de las casas de la niebla que esta mañana se zampaba la ciudad. He comido helado a mansalva y por la mañana estuve escribiendo algo, aunque no me convence; decidme vosotros:
Lo sé, he escrito poco. Es el principio de mi libro, ¿vale? Es que siempre me ha costado mucho el principio, y como luego me vuelvo loca, pues todavía más. El caso es que empieza con un flashforward de estos, que son como los flashback pero del futuro. Si os gusta lo seguiré escribiendo :)
Bien, no hice mucho más, porque admito que me hice adicta a la seriecita. Y ahora estoy escuchando los Beatles, son mi grupo favorito, una de las miles de cosas que heredé de mi padre. El cielo se despejó mientras yo me pegaba a la pantalla de mi ordenador para seguir viendo la serie, capítulo tras capítulo, y ahora se distingue el humo que sale de las chimeneas de las casas de la niebla que esta mañana se zampaba la ciudad. He comido helado a mansalva y por la mañana estuve escribiendo algo, aunque no me convence; decidme vosotros:
Era ya tarde cuando Nieves comenzó el camino hacia su casa. El sendero
era oscuro y prácticamente no se veía nada, pero Nieves, ya acostumbrada a
aquellos bosques que rodeaban el pueblo, ni siquiera se dignó a mirar a su
alrededor.
El día había sido largo.
Iba andando, con los Beatles en los oídos. Pero sus cascos sonaban
muy fuerte, y no escuchó en ningún momento los zapatos que la siguieron durante
todo el trayecto. Eran apenas diez pasos los que separaban a Nieves de su perseguidor,
y sin embargo la chica tardaría más de quince minutos en llegar a su casa, que
estaba aislada en el bosque.
Hacía ya tres años que se había trasladado a aquella casa, cuando
todo empezó.
Nieves notó como algo impactaba contra su espalda. Se giró temblando y vio una sombra apoyada contra un árbol un poco más atrás.
Nieves notó como algo impactaba contra su espalda. Se giró temblando y vio una sombra apoyada contra un árbol un poco más atrás.
-Caminante no hay camino- gritó el chico que la seguía.
Nieves tardó unos segundos en reconocer su voz. Cuando lo hizo, no
pudo evitar sonreír.
-Se hace camino al andar.
Al escuchar la respuesta, él tampoco pudo no sonreír.
-Cuanto tiempo, Logan.
Nieves no se atrevió a acercarse.
-Mucho. Os echaba de menos.
-Pensé que no querrías saber nada de nosotros.
-Yo también.
Lo sé, he escrito poco. Es el principio de mi libro, ¿vale? Es que siempre me ha costado mucho el principio, y como luego me vuelvo loca, pues todavía más. El caso es que empieza con un flashforward de estos, que son como los flashback pero del futuro. Si os gusta lo seguiré escribiendo :)
Sábado nublado.
Esta mañana me desperté en la ciudad de la lluvia, en pleno noviembre. Las persianas estaban bajadas, así que no me di cuenta de que estaba nublado de nuevo hasta que llegué a la cocina.Tampoco me impresionó que no se pudiera ver nada a través de la ventana. Después de tomarme el café habitual, frío y sin leche, cogí mi abrigo y me aventuré a salir a la calle. A lo lejos, más allá de los edificios setenteros y los parques llenos de graffitis, se veían las altas y oscuras montañas típicas de el paisaje en el que me encontrada. Eran de un verde oscuro y brillante, pobladas de casas de todos los colores que te llevaban a su época y te hacían imaginar cosas que de otra forma jamás hubieran ocurrido. Aquellas montañas y aquellas casas eran lo único que la niebla no engullía, temerosa de lo que pudieran hacerle.
El frío entraba en mi cuerpo como si fuera suyo y yo me rendía a él como si no tuviera fuerzas. Nunca las tuve.
A lo lejos apenas se oía el ruido de coches del centro, y eso era lo que me gustaba de aquel barrio a las afueras: el silencio.
Llevo una una semana aquí metida, en un lugar que no conozco de nada, sin planes de futuro más allá de un libro que nunca escribo y un trabajo de nueve a tres en una tienda de ultramarinos. Sólo conozco a Marie, la dueña de la tienda, una mujer de más de setenta años que tiene muy mala leche, pero en el fondo es una buena persona, y a Aurèlie, la chica que me sustituye a las tres en la tienda. Es un cielo, pero un poco tonta. No esperaba mucho, después de mudarme de la capital a una ciudad pequeña de mucho llover, pero espero que la semana que viene ocurra algo más interesante.
El frío entraba en mi cuerpo como si fuera suyo y yo me rendía a él como si no tuviera fuerzas. Nunca las tuve.
A lo lejos apenas se oía el ruido de coches del centro, y eso era lo que me gustaba de aquel barrio a las afueras: el silencio.
Llevo una una semana aquí metida, en un lugar que no conozco de nada, sin planes de futuro más allá de un libro que nunca escribo y un trabajo de nueve a tres en una tienda de ultramarinos. Sólo conozco a Marie, la dueña de la tienda, una mujer de más de setenta años que tiene muy mala leche, pero en el fondo es una buena persona, y a Aurèlie, la chica que me sustituye a las tres en la tienda. Es un cielo, pero un poco tonta. No esperaba mucho, después de mudarme de la capital a una ciudad pequeña de mucho llover, pero espero que la semana que viene ocurra algo más interesante.
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